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Mi viaje por el sur

Mi viaje por un trozo del sur. Cádiz, pueblos de Cádiz y Ronda.

Fotos hechas durante el viaje

El día 28 de octubre, salimos en coche desde Valencia para ir a un complejo turístico en Chiclana (Cádiz).

El camino fue muy largo, unas 9 horas (con paradas a descansar y comer).
Llegamos por la noche al hotel, tras disfrutar buena compañía y buen paisaje.
De normal yo me canso muy rápido de los viajes largos, porque no se estarme quieta, pero bueno, leer un poco o la nintendo DS lo arreglan casi todo.

La verdad, que la paz, las vistas y el arte que divise estos días fue maravilloso. Se come muy bien y la gente tiene una simpática y alegría por naturaleza, ni una mala cara, ni problema, todos muy atentos y eso siempre es de agradecer.
El mar siempre cerca y presente hace de todo un clima singular y relajante, poder fotografiar sus rincones con ese olor a salitre es algo magnifico.
Admirable el arte y sus construcciones, sus caletas, sus calles, sus casas blancas…
Un viaje donde como muy bien, aprendi mucho arte, me relaje y vi maravillas.
Me enamore un poco de Cádiz y sus pueblos. Me quedan muchos y me gustaría volver y ver los que quedan, pero todo a su tiempo.
Eso si lo mejor: la compañía, esa que te ayuda a recorrer calles, descubrir sitios y te hace estar feliz cada rato.
Pero bueno, vamos al tema.

Visitamos varios pueblos e hice unas fotos para mi muy buenas.
Empezare por:

Zahara de los Atunes

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“Zahara es una pedanía de Barbate, situado a pocos kilómetros en dirección sur y con unos 2.000 habitantes censados.
Para los curiosos es interesante saber que fueron ya los fenicios los que pusieron el ojo en esta costa, atraídos sobre todo por su riqueza pesquera, y en particular por el atún.

Los romanos continuaron con esta tradición, y llenaron los palacios de los ricos de Roma con el delicatessen más deseado: el garum, una salsa a base de pescado.

Los árabes continuaron con la tradición pesquera, y posteriormente, tras la reconquista, se establecieron las primeras concesiones de almadraba, arte de pesca que atrapa en un recinto cerrado al cardumen de atunes para su posterior extracción manual.

Estas almadrabas, y el movimiento económico y social que generaron, son el origen del pueblo de Zahara de los Atunes.
Ser almadrabero en esa época era un oficio duro, y no pocos de ellos fueron ex convictos o gentes de mal vivir a los que se “desterraba” a esta zona como castigo. Estas costas eran objeto de constantes ataques de los piratas moriscos, y las posibilidades de morir o de ser atrapado como esclavo eran elevadas.

Por estas razones, se construyeron distintos baluartes defensivos, entre los que destaca el todavía visible Castillo de Zahara, construido en el siglo XVI, no solo como edificio defensivo, sino también como residencia de nobles y reyes que venían ya a Zahara para visitar las almadrabas. Este castillo es nombrado en la obra de Cervantes “La Ilustre fregona”.

La pesca y la miseria han definido la vida de los habitantes de la zona durante siglos, que con el boom turístico de los años 60 y la consolidación actual de Zahara como destino puntero de Andalucía, han encontrado un excelente recurso para explotar los encantos de estas playas.”

Fuente: barbate.net

(Fotos)

Vejer de la Frontera

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Vejer, gracias a su singular posición, fue enclave de las más antiguas civilizaciones habidas en el sur de Europa (fenicios, cartagineses y romanos) y constituyó un núcleo defensivo frente a los íberos del interior y para la defensa de las factorías comerciales y almadraberas que en las costas desarrollaron aquellos colonizadores.

Adolfo de Castro comenta que Vejer se llamó en lo antiguo Beka, mientras que Romero de Torres dice que Bekkeh, pero lo que es cierto es que esta población por mucho tiempo ostentó el nombre de Vejer de la Miel, por la abundancia de colmenas de su término.

Los romanos fundaron en este lugar la famosa Besipo. De esta civilización nos quedaron bastantes vestigios, como las columnas de la iglesia parroquial, el acueducto de Santa Lucía y diversos restos arqueológicos aparecidos por su término.

Tras la dominación romana se establecieron en su comarca pueblos visigodos, y en sus alrededores, entre la laguna que sólo dista 8 km. de Vejer y el mar, se dio la célebre Batalla de la Janda.

Conquistada por los árabes, permaneció en manos musulmanas durante 539 años, y ellos imprimieron fuertemente su carácter a la ciudad, en la configuración de sus calles estrechas y retorcidas, en la disposición de sus casas, de recatado aspecto exterior y alegre patio interior, en las tradiciones que ha conservado su pueblo a través de los siglos y hasta en su traje típico, que hasta hace pocos años cubrían los rostros de las vejeriegas, llamado el “cobijado”.

En el año 1250, Fernando III el Santo gana la ciudad para Castilla, y su población y su castillo quedan como frontera, de ahí su apelativo frente al poderío musulmán. Hizo el rey privilegio de Vejer de la Frontera a Don Alonso Pérez de Guzmán, fundador de la casa ducal de Medina Sidonia, obligándole a respetar los derechos de los vejeriegos que por decisión del monarca estaban “francos de labranza, de crianza”, permitiéndole el goce común de “todas las tierras, aguas, montes y bosques de la villa”. Estos privilegios fueron respetados por los sucesores de la casa ducal hasta el siglo XVI, en que los duques los asumieron, lo que llevó a los vecinos a demandar a los de Medina Sidonia ante el rey, y hubieron de devolverles sus derechos y el aprovechamiento de los terrenos del Común, que hoy se conocen con el nombre de “Hazas de suerte”, vigentes aún en la actualidad.

En los siglos posteriores Vejer fue atalaya decisiva para la defensa de las pesquerías que los duques de Medina tenían en Zahara, El Palmar y Conil. Prácticamente, hasta mediados del siglo XIX todas las tierras cercanas a la costa estaban a merced de corsarios berberiscos, que en contínuas rafias asaltaban y robaban al vecindario.

La red de torres costeras tenía un nudo de comunicaciones con Vejer (Buenavista y Torre de la Corredera), que permitían asistir y protegen en cualquier caso de peligro.

Nuestras costas fueron escenario de la célebre Batalla de Trafalgar, donde la escuadra franco-española fue vencida por la inglesa.

En el siglo XV se emancipó de este municipio de Conil de la Frontera, llevándose un tercio de su término. En el año 1.939 se emancipó también Barbate.

La actuación de los Ayuntamientos liberales, con los repartos de tierras públicas, fue decisiva, ya que gracias a ella apareció una clase de pequeños propietarios agrícolas que, unido a las “Hazas de la suerte”, ha hecho de Vejer una tierra exenta de latifundios.

La ciudad de Vejer de la Frontera fue declarada Conjunto Histórico Artístico en el año 1.976 y I Premio Nacional de Embellecimiento de Pueblos de 1.978. Vejer muestra en todo su esplendor el más puro estilo de arquitectura popular árabe-andaluza.”

Fuente: Cadiz Turismo

Chiclana

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“Se da por supuesto que estuvo aquí el más famoso templo de Hércules erigido por los fenicios: el santuario al dios Melkart en la isla de Sancti-Petri. Dicho santuario serí­a visitado por Aní­bal y Julio César.

Su historia se reanuda en 1.303 en que el rey Fernando IV dona este lugar, deshabitado, a Alonso Pérez de Guzmán “El Bueno” para que lo pueble. Los duques de Medina Sidonia, sucesores de Pérez de Guzmán, serán señores de la villa hasta el s. XIX.

Durante la guerra de la Independencia, la población fue arrasada. También tuvo lugar en sus inmediaciones la famosa batalla de Chiclana, donde la actuación conjunta de fuerzas españolas, al mando del general La Peña, y británicas, del general Graham, vencieron a las tropas francesas que intentaban el asalto de Cádiz, donde se celebraban las sesiones de sus famosas Cortes.

Entre sus atractivos turí­sticos destacamos la Playa de la Barrosa y el Balneario de Fuente Amarga de aguas medicinales.

Es considerada una de las cunas del cante flamenco.”

Fuente: Cadiz Turismo

 

Jerez de la Frontera

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Su poblamiento se conoce desde el Paleolí­tico. La ciudad actual se asienta en una de las zonas de Andalucí­a donde la cultura de los tartesos alcanzó su más alto desarrollo. Los fenicios la llamarán Xera y los romanos, que se asentarán en su campiña, la conocerán como Ceret, nombre que derivará a Xeritium con los visigodos.

Será, sin embargo, durante la época musulmana cuando se producirá el auténtico desarrollo urbano, sobre todo durante los perí­odos almorávide y almohade. Se construyen mezquitas, palacios y se extiende su casco urbano.

En el siglo XII los cristianos habí­an intentado en varias ocasiones su asalto, pero será con Alfonso X, en el año 1264, cuando se lleve a cabo su conquista. Posteriormente se convertirá, durante un largo perí­odo de tiempo, en zona fronteriza. Un siglo después la frontera se aleja de la ciudad, concretamente al reino de Granada, ello contribuirá al desarrollo económico de Jerez. El siglo XV marca el comienzo de un perí­odo en el que la ciudad se convierte en una de las más prósperas de Andalucí­a. La explotación ganadera y la exportación a Europa, y luego a América, de productos agrí­colas, sobre todo del vino, contribuirá decisivamente a su desarrollo.

Tras una recesión durante el siglo XVII, el siglo XVIII iniciará de nuevo un importante crecimiento económico que no cesará hasta nuestros dí­as. La industria del vino se convertirá en la actividad motor de su economí­a.

El siglo XIX fue en Jerez de una gran pujanza económica, gracias sobre todo a las alianzas de exportadores ingleses con vinateros jerezanos; esta situación trajo también un pronunciado latifundismo que tuvo como respuesta un potente movimiento anarquista que, junto con extraños sucesos como el de la Mano Negra, darí­an pie, tanto en la ciudad como en las zonas campesinas de su influencia, a permanentes levantamientos de jornaleros hasta ya entrado el siglo XX.

Fuente: Cádiz Turismo

 

Cádiz

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“La “Tacita de Plata” es considerada la ciudad más antigua de Occidente. Su fundación se debe (1100 a. C.) a los fenicios, pueblo marinero que haría de Gadir una importante colonia comercial en la que se asentarían posteriormente cartagineses, romanos, visigodos y musulmanes. Urbe cosmopolita y abierta, Colón escogió su puerto como punto de partida para su segundo viaje al Nuevo Mundo. La ciudad se convertiría, tras el declive del puerto de Sevilla, en puerto de Indias, aglutinando el flujo mercantil con América. Esta frenética actividad comercial se tradujo en una etapa de esplendor económico y cultural, en la que se erigen los palacios barrocos con sus características torres miradores.

La Catedral, visible desde el mar, en especial su cúpula recubierta de azulejos dorados, encaja a la perfección con la fisonomía gaditana de aires coloniales. Combina los estilos barroco y neoclásico y su tesoro es de los más importantesde España. El intenso comercio con las Indias despertó la codicia de los piratas haciendo necesario que la ciudad se fortificara. Los restos del primitivo aunque remodelado sistema defensivo de fuegos cruzados ideado por Vauban conforman una parte importante de la riqueza patrimonial de Cádiz. Las Puertas de Tierra conservan a ambos lados lienzos de muralla y semibaluartes como los de San Roque y Santa Elena. Un paseo por el Campo del Sur permite contemplar los baluartes defensivos de Los Mártires y Capuchinos, junto a La Caleta, escoltada por los Castillos de San Sebastián y Santa Catalina. En dirección a la Alameda Apodaca, pueden admirarse el Baluarte de la Candelaria y las Murallas de San Carlos. Las Murallas de las Puertas de Tierra separan claramente la ciudad nueva ganada al mar – estructurada a lo largo de una gran avenida y de su extenso y ambientado paseo marítimo – de la antigua. El casco histórico posee calles estrechas y pequeñas plazas con barrios tan populares como La Viña – el de los pescadores, el Mentidero, Santa María (verdadera sede del cante flamenco) y El Pópulo.

El Barrio del Pópulo, el más antiguo de la capital, conserva las tres puertas de la primitiva ciudad medieval: Arco del Pópulo, de la Rosa y de los Blancos; además del Teatro Romano la y la Iglesia de Santa Cruz, la antigua Catedral. En la emblemática Plaza de San Juan de Dios se podrá probar el típico “pescaíto” frito mientras se escucha en el reloj del Ayuntamiento Amor Brujo del gaditano Manuel de Falla. El vecino barrio de Santa María es uno de los de mayor raigambre de la ciudad, con residencias señoriales como la barroca Casa Lasquetty y la Cárcel Real, importante edificio neoclásico. Subiendo hacia la recoleta plaza de San Francisco se encuentra la Santa Cueva, con pinturas de Goya en su interior. En las inmediaciones de la Plaza de San Antonio, en el Barrio del Mentidero, que fue durante muchos años el centro neurálgico de la ciudad, se sitúa el Oratorio de San Felipe Neri, templo barroco que cuenta en su altar mayor con una Inmaculada de Murillo. Fue sede en 1812 de las Cortes de Cádiz, donde se redactó la primera Constitución española, apodada “la Pepa” por el día de su nacimiento (el de San José).

Muy conocida es la Plaza Mina, sede del Museo de Cádiz, con sus famosos sarcófagos fenicios y unos fondos en su sección de Bellas Artes que la convierten en una de las mas importantes pinacotecas del país.

La calle Zorrilla, la calle de los bares de tapas por excelencia, conduce hasta el perfecto mirador sobre el mar constituido por los Jardines de la Alameda Apodaca y el Parque Genovés. Dando un paseo se llega al puerto de Cádiz, escala habitual de cruceros turísticos entre el Mediterráneo y el Atlántico. “

Fuente: Cádiz Turismo

Ronda

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“Para algunos, sus orígenes se remontan a los celtas bástulos que la llamaron Arunda. Los romanos se situaron en Arunda y en Acinipo (también conocida como Ronda La Vieja). Plinio y Ptolomeo nos dan noticias de Acinipo como una de las ciudades más importantes de la Bética. Hay que destacar de sus ruinas el teatro, uno de los más importantes de la España romana. En Arunda los romanos levantaron el castillo de Laurus (o del Laurel) y sobre el que debió construirse posteriormente la fortaleza musulmana.

Tras el oscuro período visigótico, Ronda volvió a tener verdadera importancia bajo el dominio musulmán, Arunda se convierte en Izna Rand Onda. Desde el siglo VIII al XV va a ser una de las fortalezas más importantes de Andalucía. Durante los emiratos de Al Mondhir y Abdallah ben Mohamed (886-912) adquirió gran importancia en la Serranía de Ronda la rebelión de los muladíes -antiguos cristianos convertidos a la fe del Corán-, acaudillados por Omar Ben Hafsún, descendiente de una acomodada familia visigoda. Omar estableció su plaza fuerte en Bobastro -lugar aún no localizado con certeza pero que se supone en o próximo a la Serranía de Ronda- y desde allí logró dominar una gran franja de Andalucía oriental, teniendo bajo su mando poblaciones tan importantes como Archidona, Écija, Baena o Lucena. Sus dominios y su prestigio entre los musulmanes muladíes fue en continuo aumento hasta la derrota de Poley (Aguilar), en 891; a partir de ese momento Omar buscó la alianza de los árabes del norte de África y de los cristianos del norte de la Península, convirtiéndose por último al cristianismo, lo que le hizo perder la confianza de muchos de sus seguidores muladíes, aunque a su muerte (916) seguía en pie el baluarte de Bobastro. A la caída de Bobastro (928), tras la derrota de los hijos de Omar por el primer califa Abd-Al Rahman III, la villa pasó a formar parte del Califato de Córdoba. Desaparecido el Califato de Córdoba, fue la taifa en la que reinaron durante un corto período de tiempo la familia beréber de los Banu Ifrán (hijos de Ifrán); a finales del siglo XI fue anexionada al reino de Sevilla por Ibn al-Abbad, tras el cruel ajusticiamiento de los gobernantes rondeños de la taifa.

Ya en el siglo XIII, Abenamar -el célebre caudillo fundador de la dinastía nazarí- lo cedió a los meriníes de Marruecos, dependiendo hasta 1439 del gobierno norte-africano; a partir de esta fecha pasaría a integrarse en el reino nazarí de Granada.

La presencia árabe se manifiesta aún claramente en la fisonomía de la ciudad de Ronda, quizás la mejor conservada de toda Andalucía.

Tras una larga contienda fue conquistada por los Reyes Católicos en 1485. Como consecuencia de la dura resistencia de los musulmanes, que no llegaron a claudicar sino que fueron vencidos por las tropas cristianas, la ciudad se repartió entre la nobleza castellana.

A partir del decreto de 1449 de conversión forzada de los moriscos, se suceden una serie de levantamientos en la Serranía y Ronda se convierte en el centro de operaciones desde el que se intenta someter a los sublevados. En 1571 se produce la expulsión definitiva de los moriscos, aunque durante años quedaron focos de resistencia protegidos por la escarpada y abrupta sierra.

En el siglo XVIII, Ronda conoce un notable auge económico. En 1751 se construyó el famoso Puente Nuevo que une la ciudad partida por el Tajo.

Durante la invasión francesa, en la Serranía se formó un activo foco de resistencia. A su salida, los franceses destruyeron parte del castillo y otras defensas de la ciudad.”

Fuente: andalucia.org

 

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