La perspectiva
25 agosto, 2017

Las Sinsombrero

Las Sinsombrero

Podemos leer la web Las Sinsombreros para entenderlo.

Con el término Generación del 27 se conoce al que seguramente es el grupo de literatos y artistas más influyentes y conocidos de la cultura española. Su legado es ampliamente conocido siempre y cuando hablemos de ELLOS.

Pero ¿qué sucede con ELLAS? ¿Es que acaso no había mujeres?

Nada más lejos de la realidad. Dentro del Grupo del 27 existieron, crearon y triunfaron una generación de mujeres pintoras, poetas, novelistas, ilustradoras, escultoras y pensadoras de inmenso talento que no solo gozaron en su tiempo de éxito nacional e internacional sino que,a través de su arte y su activismo, desafiaron y cambiaron las normas sociales y culturales de la España de los años 20 y 30

Entre todas estas ilustres mujeres que han silenciado podemos encontrar a la artista de la que quiero hablar hoy.

Margarita Gil Roësset

Marga Gil fue una artista prematura que a sus 13 años ya ilustraba con gran maestría los cuentos de su hermana mayor, Consuelo.

En el año 1923, en París, Consuelo y ella publicaron otro cuento, “Rose des Bois”. Margarita tenía 15 años y ya había alcanzado la maestría. Pero en ese momento fue cuando dio un giro muy importante a su “carrera” y empezó a dedicarse a la escultura.

Fue en 1930 cuando presentó, con 22 años, un “Adán y Eva” a la Exposición Nacional y fue un fragor. Nadie se explicaba ese talento natural, cómo era capaz de esculpir así.

Escultura de Adan y Eva

Podemos destacar que una de sus mejores esculturas fue el busto de la esposa de Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí. En el ámbito de la ilustración la artista combinaba modernismo y simbolismo.

Busto de Zenobia Camprubí

“Es probablemente uno de los ejemplos más duros y singulares del expresionismo español”.

De los diferentes logros que tiene, uno es cómo maneja el grafito, un material muy poco manejable y de difícil uso que ella utiliza con gran maestría.

Era autodidacta y tuvo una gran capacidad para comprender, entender, representar y construir volúmenes modelados, tallados, dibujados, dejando sorprendidos a todos.

También se dice que una de sus ilustraciones fue imitada en “Le petit prince” de Antoine de Saint-Exupéry.

“Yo intento siempre operar sobre mis esculturas de dentro afuera. Es decir, trato de esculpir más las ideas que las personas”.

A los 24 años se suicidó pegándose un tiro en la sien. Antes de su fin, la artista intentó romper y destruir toda su obra. No quería dejar huella de su obra.

“La rabia de no ser creída, tal vez, le obliga a destruir y a destruirse”

Así que toda la obra que logró localizar, incluyendo las fotografías de sus esculturas, fue destrozada antes de su trágica muerte.

A su vez, dejó cartas a su hermana, a sus padres y a Zenobia; también un diario a Juan Ramón Jiménez, quien, impresionado, dedicó tiempo después varios poemas y una de las semblanzas literarias en sus “Españoles de tres mundos”.

Pese a su afán destructor, en 2001, el Círculo de Bellas Artes de Madrid consiguió recuperar lo que quedaba de sus esculturas para preservar su obra y su recuerdo.

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